EL GOBIERNO Y LOS ARGENTINOS

4 Oct

Para gustos se han hecho colores y la democracia nos permite elegir, de entre las listas que presenta cada partido político, la de aquél por el cual nos sintamos más representados en nuestras ideas e intereses.
Los argentinos siempre hemos sido críticos (cuando no incluso “criticones”) de nuestros gobiernos de turno. Cuando se ha podido, abiertamente; y cuando no, de sottovoce. Y no está mal que así sea. La crítica es una herramienta útil que debería ayudar a los que gobiernan a evaluar, y eventualmente a corregir para mejorar. Sólo no han podido hacerlo así los soberbios, los prepotentes y los sordos de todo tipo.
De algunos hemos opinado (en este caso en voz baja), que gobernaban “en exceso” (y “con excesos” según ellos mismos han admitido). Y seguramente teníamos razón, como nos demostró la Historia posterior. De otros hemos criticado su “autismo” y su inoperancia. Y, debido a su sordera, terminaron su mandato en el techo de la Rosada y por vía aérea.
Hemos criticado mucho a las fuerzas “del orden” por sus excesos y su represión, y seguramente teníamos razón. Nada, absolutamente nada, justifica apalear y menos que menos torturar o asesinar a un ciudadano por manifestarse, sean cuales sean sus opiniones.
Ahora tenemos un Gobierno con un nivel de libertades públicas absolutamente inédito. No permite que la policía, y menos que menos otras fuerzas, repriman manifestaciones de ningún tipo, incluso aquéllas que le resulten más desfavorables (como lo fueron los cortes de rutas de los chacareros por el tema de “la 125”). Reconozco que si yo hubiera sido el Presidente, seguramente me hubiera equivocado cediendo a la provocación, enviándoles a la Gendarmería a disolverlos.
Y, tras largos años de falta de libertades, o de libertades “medidas”, “controladas” y “restringidas”, surge una parte de la población, y especialmente desde los sectores de la “economía concentrada” que clama para que la policía “meta palo” a los huelguistas, piqueteros, estudiantes, etc.
Y esta vez, en cambio, opino que a los que así opinan y se manifiestan a través de los medios oligopólicos, no les asiste la razón.
Los años de lucha por las libertades ciudadanas, que culminaron en las movilizaciones masivas del 2001, (en las cuales, contradictoriamente, participaron algunas de las capas más bajas de los que hoy sustentan esa posición), son la principal causa objetiva de ese cambio. Lo que pasa es que hay gente que no quiere aprender de la experiencia.
La situación de progresiva democratización de una Latinoamérica que fue mayoritariamente dictatorial, en virtud del acatamiento de sus sectores más reaccionarios a los dictados del “Gran Hermano del Norte”, tampoco es ajena a nuestra realidad nacional.
Hay que reconocerle, eso sí, al Gobierno Kirchner haber canalizado ese grito de las mayorías populares, y en ocasiones, haberse puesto a la cabeza de esos reclamos. Por ejemplo, aún recuerdo mi emoción al ver a Néstor Kirchner ordenándole al General Bendini bajar el cuadro del dictador Videla. Eso es una buena interpretación del inconsciente colectivo de un pueblo, que es una de las cualidades que diferencian al verdadero estadista del mero político profesional.
Sabemos también que algunos gobiernos provinciales se sumaron más gustosamente que otros a la no criminalización de la protesta social. Desgraciadamente existen aún los que utilizan, con mayor o menor disimulo el paradigma del dueño del burro: zanahoria o garrote. Y la zanahoria, a diferencia del garrote, suele ser allí un bien particularmente escaso, que no se reparte entre el pueblo, sino a unos pocos elegidos.
Pero el objeto de este artículo es aportar un poco de objetividad en un campo tan subjetivo como el de las opiniones políticas. Por ello, y para ser muy claro, en cada punto a desarrollar, además del correspondiente análisis, voy a explicitar mi propia posición sobre cada tema. Temas éstos que son bastardeados y manipulados sin el menor decoro por políticos, organizaciones diversas y medios de comunicación, y en general por todos aquellos que pretenden el predominio de sus intereses particulares o corporativos por encima del cadáver de todos los demás, incluido el de su propia madre, si se cuadrara.

“La 125”
Una de los temas más agudos que tuvo que enfrentar el Gobierno Kirchner fue la cuestión del autodenominado “campo”.
Y yo que creía que “el campo”, tal como aprendí en la escuela primaria era un lugar con mucha tierra, vaquitas, trigo, soja, algunas gallinas y un par de chanchos donde las personas que en él vivían y trabajaban cumplían el importante rol social de “darnos de comer” (al menos es lo que siempre proclamaron) y hacían una vida sacrificada, despertando a las vacas a las cuatro de la mañana para ordeñarlas y trabajando de sol a sol por su propio provecho y para el de todos los argentinos.
Resulta que ahora salen como representantes de “el campo” unos señores gordos, muchos de los cuales seguramente no tienen ni idea de lo que es tener barro en la suela de sus zapatos importados, y con mucha plata en los paraísos fiscales. ¡Que equivocado estaba yo!
Y esos señores, por miedo a ver disminuidos sus privilegios, con ayuda de los “medios” que ellos mismos financian o dirigen desde las sombras, salen a asustar a los otros, los verdaderos habitantes y trabajadores del campo, conque van a quedar todos en la lona si a ellos el gobierno consigue cobrarle los impuestos. Parafraseando a Fito digo que “Dan asco”.
Menos mal que en el fondo, el verdadero “campo” no come vidrio y los resultados electorales así lo demostraron.
Y aquí aparece la primera discusión filosófica práctica sobre el derecho a la renta de la propiedad, donde predominan básicamente dos corrientes:
Una posición que podríamos calificar de “de derechas”, “conservadora” o “ultra liberal” aduce que el campo y su renta pertenecen enteramente a su propietario, y que cualquier tasa, impuesto o retención es confiscatoria: es decir que implica una disminución en el ejercicio de su derecho a la propiedad.
Otra que podríamos denominar “de izquierdas” “reformista” o “progresista” que sostiene que la tierra y su renta cumplen un fin social y que sus propietarios deben aportar de sus impuestos por el uso que hacen de un bien que cuenta con la protección jurídica y real del Estado que lo cobija.
Personalmente me encuentro mucha más cerca del segundo de ambos extremos. He viajado bastante y vivido en tres continentes en forma discontinua desde el año 76 al 97 y eso me permite aportar un punto de vista basado en cuestiones prácticas que refuerzan mi posición filosófica.
En muchísimos países del mundo (en realidad en casi todos) el rendimiento de la tierra (en toneladas de producto agrícola o ganadero por hectárea) es considerablemente inferior al nuestro. Terrenos pedregosos, salobres, volcánicos, desérticos, gélidos o tórridos donde el campesino sí es verdaderamente sacrificado, ya que son sólo su esfuerzo y a veces una gran inversión tecnológica lo que hacen posible su producción. A tal punto que los costos de esa producción se elevan notablemente. De ahí que muchos países interponen barreras arancelarias al producto agrícola importado, para proteger a sus propios productores agrícolas. Es el caso opuesto al nuestro: mientras allí la agricultura y ganadería deben “ser subvencionadas” para poder mantener la actividad y a su gente, con un fin además profundamente humanista, aquí la agricultura debe “subvencionar” para poder mantener vivo al país que tan generosamente la cobija y le provee cada vez de mejores servicios (carreteras, comunicaciones, energía, tecnología y un larguísimo etcétera), y eso también con un fin profundamente humanista. Y ese es (desde mi modesto punto de vista), la opinión al respecto del Gobierno Nacional. Ese es el tan discutido trasfondo filosófico de “la 125”
Entonces voy a explicitar, tal como adelanté, mi propio parecer: Estuve y estoy de acuerdo con la política para el campo que ha trazado este Gobierno. Es lo único que nos puede permitir avanzar hacia un país más armónico, con menos desigualdad, y no por ello menos competitivo a nivel internacional, sino todo lo contrario: Un “campo” que produzca un fuerte aporte económico al Estado, y un Estado que devuelve una parte importante de ese dinero al propio agro, en forma de servicios que acrecientan su competitividad. Unas ciudades con fuerte crecimiento de la producción industrial que a su vez colabora con la tecnología del campo y con la cadena de valor agregado a la producción agrícola-ganadera. Y con el desarrollo, a partir de ese equilibrio, de un potente mercado interno.
Y ¿Cómo no voy a estar de acuerdo con un sistema que, lejos de perjudicar a nadie, por el contrario nos beneficia a todos?
Pero la ciencia histórica es terca, y si bien no es una “ciencia exacta” como la matemática, ciencia es al fin y sus resultados terminan expuestos inexorablemente a los ojos de todo el mundo. Los chacareros están ganando más guita que nunca y parcelas cada vez más pequeñas resultan rentables con adecuada tecnología. Hace sólo diez años, un campito de 20 a 50 hectáreas en la pampa húmeda condenaba a su propietario poco menos que al hambre. Hoy produce una renta anual bastante considerable. Con muchísima mayor razón cuando el campo es realmente “grande”.
Y los chacareros, a pesar que algunos de sus dirigentes se dedicaron a calentarles la cabeza con el argumento que era mejor el kiosquito propio con exclusión de todos los demás, empezaron a darse cuenta del beneficio de pagar impuestos y recibir servicios. Eso explica el relativamente reciente apoyo de un sector importante del “campo” al Gobierno Nacional y además, al menos en parte, por qué Cristina ganó también en el campo.
Aclaro que mi actual medio de vida me lleva a recorrer diariamente los pueblos y ciudades de mi provincia lo que me permite formular la siguiente observación: Aún se da (quizás por temor o vergüenza en reconocer en público el error de pareceres pasados) el fenómeno sociológico denominado “síndrome de la mortadela” (o más simplemente síndrome de Menem) Casi nadie dice haberla votado. Pero las urnas dieron claramente su veredicto. Ganó incluso en cada una de las ciudades o pueblos donde viven los dirigentes del sector agrícola-ganadero. (Bussi, Biolcatti, etc.)
No estoy diciendo que todo esté bien, o que no hayan soluciones mejores respecto de algunas cuestiones que las que plantea o ejecuta el Gobierno Nacional. Pero sí opino que en esta cuestión del campo, estamos en general en el buen camino. Uno gana, y todos ganan.
Por eso me indignó tanto escuchar a la candidata Carrió declarar que “no podía ser que la industria floreciera a costa de los esfuerzos del campo” ¿esa es la “república de iguales” que dice querer? Menos mal que sus resultados electorales demuestran que lo que salió de su cloaca indignó a muchos más.
Yo quiero un país donde los esfuerzos individuales, amén de dar provecho a quien los realiza, contribuyan al bienestar del conjunto. Donde, cuando un argentino aprieta un botón, ilumina su casa pero contribuye a dar un poquito de luz a los otros 40 millones. Un país solidario, sin excluidos.
Quiero aprovechar aquí a apuntar algunos hechos laterales a “la 125”. Me refiero a la reacción de algunos sectores de la autodenominada “izquierda”
Desde el Partido Socialista que a través de su personero Hermes Binner se declaró en contra de la 125, en una posición claramente “de derechas” (según definí al principio de este punto) y que de “progresista” no tiene absolutamente nada, hasta otro sector de la izquierda clasista que “confundió” a nuestra oligarquía campesina con los pobres “mujik” rusos de la época de Nicolás II o con los campesinos chinos de tiempos de Mao que morían de hambre en el campo. Menos mal que el marxismo hubiera debido darles las herramientas para hacer al menos una “caracterización de clase” para el análisis de cualquier proceso económico o político. Con una izquierda así, que nos confunde recomendándonos al lobo como pastor del rebaño, ni siquiera nos hace falta el perro guardián de la derecha política.

Los juicios por violaciones a Derechos Humanos
Otro problema particularmente espinoso que encaró el Gobierno es la de abrir los tribunales a la condena a los delitos de lesa humanidad.
Ningún país que se precie de serio puede fundarse sobre la impunidad de los delitos cometidos por ninguno de sus ciudadanos, con mayor razón si esos delitos son de lesa humanidad, cometidos en violación a los derechos y la vida de sus ciudadanos, en banda y con un plan sistemático.
Es decir: estoy de acuerdo conque todos aquellos que hayan cometido , ordenado o promovido asesinatos masivos o selectivos y/o con uso de torturas, o participado de “desapariciones forzosas” o de tráfico de bebés apropiados, y en cumplimiento de un plan previo, sean juzgados y condenados, a los efectos de impartir justicia y sentar jurisprudencia para prevenir en el futuro la repetición de tales prácticas aberrantes.

El Matrimonio gay
Otro tema controvertido y que contó también con el rechazo de los sectores más reaccionarios y oscurantistas, es el del Matrimonio Igualitario.
Observamos hoy que los que preconizaron “una ola de degeneración generalizada” no acertaron. Nadie ha disminuido desde la sanción de la ley y a causa de ello su índice de felicidad, si exceptuamos a algún carpetovetónico elemento de la jerarquía eclesiástica, pero sí lo ha aumentado una parte considerable de nuestra población, ya que, ateniéndonos a estadísticas generalmente aceptadas, entre el 11 y el 14 por ciento de la población de cualquier país, es homosexual. Sin embargo, todo el lobby mediático de nuestra “bendita” sociedad argentina no pudo evitar que ya nadie se escandalice por ver besarse en la calle a dos hombres o a dos mujeres. (aunque a algunos, por la relativa novedad, pueda aún llamarles la atención)
Realmente y si acordamos como principio general que: lo que constituye “el bien” a nivel social es “Todo lo que es bueno para alguien y no perjudica a los demás, está bien”; de acuerdo a eso la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario era lo único correcto desde el punto de vista de la ética social.
Es decir, y volviendo a ser explícito: Estuve y estoy de acuerdo con la ley promulgada sobre el “matrimonio igualitario” y con la totalidad de derechos que de ella se derivan.

La Ley de Medios
La Democracia, para ser real, necesita de la pluralidad. El crecimiento del poder de los medios concentrados, producto en gran parte de años de dictaduras o de sumisión de los gobiernos “democráticos” a esta situación de hecho, y la tergiversación que hacen de la realidad en función de sus propios y poderosos intereses, los transforma en un verdadero peligro para el modo democrático de vida. La “patente de corso” que estos multimedios detentan y utilizan para deformar la realidad intentando, y con frecuencia logrando, inclinar la voluntad popular en uno u otro sentido, pasa fundamentalmente por su impunidad para mentir sin tener que dar cuentas. ¡Guay que un periodista o un medio sean procesados o reciban algún tipo de sanción a causa de un libelo mal intencionado! Con más razón si el querellante es el Estado. Entonces se rasgan las vestiduras: ¡Ataque a la libertad de prensa! Aparecen los terroristas mediáticos de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa, ligada al “Tea Party” es decir al sector más troglodita de la economía norteamericana), golpeando puertas en Washington diciendo que “en tal país no existe libertad de prensa” y cochinadas por el estilo.
Por eso, la única garantía para que el ciudadano (cuya protección debe ser ser el objeto de toda democracia) reciba una información real de lo que sucede, es la pluralidad de dicha información. La polémica que acompaña a las diferencias en el modo de informar es en definitiva lo que permite al hombre de la calle discernir quien le está informando bien y quien no. Y mi experiencia me dice que el común de los ciudadanos prefiere un asadito aunque sea pobre, al pescado podrido servido con vajilla de plata.
Y claro, los que siempre desarrollaron su poder y su vasto imperio en base a la información tendenciosa, cuando no directamente a la mentira lisa y llana, no podemos esperar que estén contentos. Pero suponer que se puede edificar una democracia sana en base a tales engendros, es cuanto menos de una ingenuidad cercana a la estupidez.
Los medios concentrados son sobre todo una institución de la dictadura, donde siempre funcionaron como correa de transmisión de lo que el poder pretendía que nosotros creyéramos, y a la vez de aislamiento y ocultación cuidadosa de lo que éste prohibía comunicar.
A todo nivel, la democracia requiere que las instituciones de la sociedad civil lo sean a la vez “de la democracia” Así como las instituciones democráticas son cuidadosamente eliminadas por las dictaduras, así también deben ser eliminadas por la democracia las instituciones de la dictadura, como principal garantía de su propia supervivencia como estilo de vida.
Por eso: estuve y estoy de acuerdo con la promulgación de la Ley de Medios que procura poner coto a la unicidad informativa y abrirse a la pluralidad en ese sentido. La posibilidad cierta que la Universidades, las ONG’s y cooperativas puedan disponer de sus propios medios de comunicación y difusión, y el fin de la era del monopolio informativo, abre nuevos canales a la participación democrática. Y eso no es moco de pavo: es algo que enoja de sobremanera a los mentores del “pensamiento único”, a los que nos quieren hacer creer que lo que ellos dicen es “lo único posible” y que pensar o hacer otra cosa es “estar fuera del mundo”
¡Que se alcen mil voces y mil opiniones diferentes y que seamos los ciudadanos los que decidamos a quienes damos crédito y a quienes no! Ya verán los sostenedores del “pensamiento único” cómo hay mil pensamientos: Porque la peor de las dictaduras no es la que limita la posibilidad de hacer. Es la que niega la posibilidad de pensar siquiera que otra realidad pueda ser posible. Y en ese sentido es tan peligrosa la dictadura de Magnetto y Noble como lo fue la de Videla y Massera, de la que los primeros fueron además fervientes defensores, por no decir cómplices directos y mentores ideológicos.

La Asignación Universal por Hijo
El derecho fundamental de los niños a alimentarse adecuadamente y a recibir educación es, a la vez que inalienable, un derecho de efecto inmediato.
¿Qué quiero decir? Que un niño que pasa hambre hoy es un niño desnutrido al que se le coarta su participación como ciudadano del mañana. Resulta ilustrativo al respecto ver y escuchar las pruebas y opiniones que aporta el Dr. Abel Albino, especialista en desnutrición infantil. Dice Albino: “Si ese capital humano está dañado (por la desnutrición) el país no tiene futuro”, ”Si no tenemos cerebros intactos no hay qué cosa educar”, “Las neuronas de un desnutrido son la de un cerebro dañado”, etcétera. Les recomiendo ver los correspondientes vídeos, fáciles de encontrar en cualquier buscador de Internet.
El niño no puede ser nunca la víctima de cualquier aventura de los adultos en lo económico. Debe comer HOY. Excepto que nuestro plan sea tan perverso como para pretender que los niños malnutridos de hoy se refugien en la droga y la delincuencia de mañana como única autodefensa por esa situación, justificando de ese modo la existencia de un estado dictatorial que los reprima.
Y perversos, sabemos que los hay… ¿no es verdad Maurito?
Es decir: no importa quienes sean los padres del niño o de la niña, a qué clase social, raza, religión o partido político pertenezcan: Los niños deben alimentarse, educarse y disponer de la integralidad de sus derechos. No importa demasiado tampoco de dónde salga el dinero para ello, pero sin duda debe ser así. Toda sociedad que no ponga este valor por delante, no merece ser llamada parte de la Humanidad, es una sociedad suicida que asesina su futuro.
Que conste que prefiero claramente que los niños coman en su casa en la mesa familiar y que sus padres tengan trabajo digno y bien remunerado. Pero es absolutamente necesario que, hasta tanto podamos llegar a esa situación, al menos coman todos los días y vayan a la Escuela.
Y es ese, a mi entender el espíritu de la Asignación Universal por Hijo.
Por eso, voy nuevamente a fijar con claridad mi posición: Estoy de acuerdo con la Asignación Universal por Hijo porque los problemas de los adultos no pueden hacer esperar la adecuada nutrición y educación de los niños. Los niños deben comer hoy y educarse hoy, mañana podremos arbitrar otras soluciones a los problemas de los adultos, tales como el pleno empleo o la vivienda digna.
Dicho esto, y fijada claramente mi posición en cada uno de los temas seleccionados, que no agotan de ningún modo la temática posible de tratar, paso ahora a referirme a otras cuestiones.

¿Cómo transformar este modelo distributivo en un modelo productivo más eficiente que nos ponga en la posición que este país necesita?
¿Cómo ir encaminando las cuestiones que aún “hacen agua” perjudicando el avance? ¿Cómo diversificar para evitar que un modelo puramente agro exportador nos convierta en una hoja a la deriva en el vendaval de cualquier crisis mundial? (Seamos serios: se prevén más y más profundas aún de la que actualmente aqueja a los países “centrales”. Es en ese sentido interesante ver los videos del “Crash Course” o “curso de colisión” del economista y asesor financiero norteamericano Chris Martenson, que, por cierto pueden ya conseguirse en castellano) ¿Qué diseño deberíamos darnos a corto, medio y largo plazo para procurar tener un país exitoso en el concierto mundial y a la vez con habitantes más felices? ¿Cómo establecer canales de participación ciudadana para aportar al desarrollo de un proyecto de país que cuente con el mayor consenso posible, y donde el ciudadano no sólo esté de acuerdo con el proyecto sino que además sienta que es parte importante de él? ¿Cómo lograr, en definitiva, que seamos indestructibles como pueblo y como nación?
Pero este artículo, que estaba pensado primero como “un par de carillas” se ha vuelto ya extenso, así que sólo enunciaré algunas ideas acerca de cómo podrían abordarse ejes de crecimiento participativo y sostenido que a la vez nos hagan menos dependientes de los vaivenes de la economía mundial.
1) Plan estatal de construcción: Con financiamiento de bancos oficiales y/o Banco del Sur. Dos rubros principales: Vivienda y obras de infraestructura (carreteras, puentes, canales, etc.) A implementarse con diversas modalidades según necesidades y posibilidades, pero de forma masiva con participación mayoritaria del Estado y sus empresas.
2) Reactivación ferroviaria. Abaratar el costo del transporte es un modo de ganar competitividad. En una producción en rápido crecimiento es una tontería pensar que el desarrollo ferroviario va en contra del transporte carretero. Mientras más transporten los trenes, más necesario va a ser el camión para llegar a nuevos campos y nuevas estaciones. También es importante reactivar el transporte ferroviario de pasajeros en el interior del país, según un plan orgánico y progresivo, comenzando por las líneas de cercanías a partir del Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Santa Fe , Gran Tucumán, Gran Mendoza, etc., extendiéndose progresivamente hasta lograr la recuperación de ramales hoy abandonados para más adelante comenzar con el trazado de otros nuevos. El transporte ferroviario es más barato, menos contaminante, consume menos energía tiene menores costos de mantenimiento, produce menos accidentes que el carretero y contribuye a evitar que las ciudades sean un verdadero caos de tráfico. Y si no me creen vayan a Buenos Aires un día de paro de subtes o de ferrocarriles…
3) Recuperación de las riquezas del subsuelo por el Estado Nacional. No renovación de las concesiones mineras a empresas extranjeras. Explotación de las mismas por empresas nacionales, estatales o mixtas, pero que dejen la mayor parte de sus ganancias al Estado, quien deberá supeditar su explotación a los modos menos contaminantes del medio ambiente, (ya hemos visto que las multinacionales de la minería son como el caballo de Atila, por donde pasan no crece más la hierba) con énfasis especial en aquellos minerales denominados estratégicos. (litio, uranio, titanio, oro, tierras raras, etc.) Establecimiento simultáneo de industrias de capital estatal o mixto para la purificación de dichos minerales, como primer paso de la correspondiente cadena industrial de valor agregado.
4) Reelaboración de la matriz energética con la inclusión de energías alternativas. (principalmente eólica y mareomotriz en la Patagonia y solar en el Norte) Muchos países quisieran tener los vientos fuertes y constantes que tenemos en nuestra Patagonia, para llenarla de molinos de viento. A pesar de las limitaciones que tienen estas “energías alternativas” (sobre todo estabilidad de la frecuencia en la producción eléctrica), una adecuada combinación de fuentes energéticas nos volvería invulnerables a los avatares de la economía mundial. De por sí la enorme extensión y la constancia en el viento de la Patagonia harían prácticamente prescindible la construcción de nuevas centrales térmicas a base de petróleo para producir electricidad.
En nuestro Norte, la generalización del uso de energía solar, traería además aparejado un importante crecimiento de la industria del silicio y posterior desarrollo para la electrónica. Si lo combinamos con la instalación local de industrias extractivas y productoras de litio, como parte de un futuro que ya es presente, de automotores eléctricos, ya tendríamos una excelente base para un polo industrial en nuestro abandonado Norte.
5) Plan de coordinación agrario-industrial que permita un mejor aprovechamiento de la capacidad instalada y la inclusión de nuevas cadenas de valor agregado. Reactivación de la Junta Nacional de Granos como principal medio para evitar la evasión fiscal.
En conjunto, todas estas medidas (y algunas más que no son ya el objeto de este artículo) deberían tener el pleno empleo como resultado, y la creación de un potente mercado interno. Con trabajo, vivienda, educación y salud los problemas actuales, tales como el de seguridad pública, se van solucionando solos. Un gran plan nacional de generación de empleo, plan que sirva además para construir viviendas y obras de infraestructura, moderno pero con el espíritu de los “planes quinquenales” de Perón, hará mucho más por la seguridad que cualquier medida de tipo policial o judicial, porque no ataca las consecuencias de esa inseguridad, sino que elimina progresivamente sus causas.

Sé que me quedan muchas cosas en el tintero, tales como: legislar en un sentido progresista sobre derechos reproductivos, mejorar la atención de las víctimas de diferentes delitos, establecer medidas que disminuyan los casos de corrupción, introducir mejoras que eleven el nivel de la calidad educativa, efectuar también mejoras en la sanidad pública y un largo etcétera. Pero son temas que exceden, por una parte la pretensión original de este artículo, y por otra, en algunos casos, mis propios conocimientos. Y, conocedor de mis limitaciones, no opino sobre cuestiones sobre las que no conozco al menos, bastante más que lo básico.

Carlos Eduardo Fernández

Escrito en Funes, Provincia de Santa Fe, el 4 de octubre de 2011

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Una respuesta to “EL GOBIERNO Y LOS ARGENTINOS”

  1. Maria Claudia Cambi 5 octubre, 2011 a 7:22 am #

    Muchas gracias Carlos. Creo que este artículo es muy pedagógico, especialmente para estas latitudes en las que toda noticia sobre Argentina está vetada si no es mala o manipulable (no sea cosa de que se den cuenta de que Europa está yendo al revés….)
    Un abrazo

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